Ocurre en cualquier municipio: baja la presión, aparece una mancha húmeda, llega la cuadrilla, se corta el tráfico y se abre una cata. A veces dos o tres, hasta dar con el punto exacto. La empresa lanzaroteña SKYNOX Drones S.L. propone cambiar el orden: primero mirar desde el aire y después excavar, solo donde haga falta.
Sus cofundadores, Juan Manuel García Laría y Francisco Javier Cáceres Ferrer, han desarrollado un protocolo de inspección con drones equipados con sensores térmicos de alta precisión. El agua que escapa de una conducción bajo la calzada altera la temperatura del terreno, y esas variaciones, captadas por visión infrarroja y procesadas con inteligencia artificial, señalan anomalías "compatibles con roturas" en la red de abastecimiento. Menos tiempo de intervención, menos coste de mantenimiento y menos cortes de tráfico, según la empresa.
El sistema le valió en 2025 el Premio Talento Sostenible que concede la Cámara de Comercio de Lanzarote y La Graciosa junto a la Fundación Líneas Romero y Bankinter. A finales de julio, el Gobierno de Canarias la presentó como caso de éxito de la Red CIDE, el servicio gratuito de apoyo a la innovación que impulsa la ACIISI con un 85% de cofinanciación FEDER. Gracias a ese acompañamiento, cuentan sus responsables, accedieron a programas como Impulsa Startup y a centros tecnológicos del archipiélago.
Lo que viene ahora se llama SKYNOXwater, una metodología en desarrollo que suma sensórica avanzada, inteligencia artificial y digitalización de las redes. La idea es pasar de detectar a gestionar: monitorizar la red en tiempo real, priorizar reparaciones y ayudar a ayuntamientos y operadores a reducir el agua no registrada, la que sale de la desaladora y no llega a ningún contador.
En Lanzarote ese concepto se entiende sin explicaciones. La isla depende de la desalación y la desalación depende de la luz. Este mismo sábado, el cero energético paró las plantas y obligó al Consorcio del Agua a hacer malabares con las reservas de Zonzamas durante más de un día. Cuando cada metro cúbico cuesta energía y dinero, una fuga que pasa semanas sin localizarse es un lujo caro.
La empresa no vive solo del agua. Con drones dotados de LiDAR, cámaras térmicas radiométricas, sensores multiespectrales y cámaras RGB inspecciona parques eólicos y plantas fotovoltaicas, genera gemelos digitales y desarrolla visión artificial para detectar defectos de forma automática en infraestructuras energéticas.
Falta, eso sí, información para valorar el alcance real. Las fuentes públicas no detallan cuántos kilómetros de red se han revisado, con qué operadores ni qué porcentaje de anomalías se confirmó al excavar. Son los datos que dirán si el método puede convertirse en una herramienta habitual para las empresas de agua de las islas o se queda en un servicio especializado. También habrá que comprobar cómo responde la termografía con conducciones profundas, distintos firmes o días de mucho calor.
De momento, sus promotores defienden una forma de trabajar más que una cifra: "Hay que probar, medir y validar, aunque eso implique equivocarse rápido para encontrar la mejor solución". En una isla que acaba de pasar el fin de semana pendiente de sus depósitos, suena bastante práctico.

