El 1 de octubre se volvió a firmar en Gran Canaria un acuerdo que, con distintos formatos, existe desde 2002. De un lado, la Mancomunidad del Sureste. Del otro, el Consejo Insular de Aguas. En medio, una depuradora, la de Arinaga, que tras el tratamiento terciario produce agua apta para el riego.
Según Canarias7, las cifras son 1,6 millones de metros cúbicos al año, 6,4 millones en los cuatro años de vigencia, con opción de renovar otros cuatro. Ese volumen supone el 23% del agua regenerada que el Consejo distribuye en toda la isla, un porcentaje alto para una sola planta.
El presidente de la Mancomunidad, Óscar Hernández, y el vicepresidente del Consejo y consejero de Seguridad Hídrica, Miguel Hidalgo, presentaron la renovación. Hidalgo calificó la aportación de «fundamental». Más que el adjetivo, importa para qué sirve: esta agua llega a los campos dentro del sistema de reutilización de Las Palmas-Sur, y cada metro cúbico que viene de ahí es uno que no se extrae de un acuífero ya tensionado.
El sureste es la zona donde mejor se entiende la cuestión. Llueve poco, el suelo es seco y quien cultiva depende de lo que consiga. El agua depurada tiene una ventaja que otras fuentes no tienen: la produce la propia población todos los días, en cantidades bastante estables. No depende de la lluvia del año ni del coste energético de una desaladora dedicada. En el lenguaje del sector es economía circular aplicada al agua; en la práctica, lo que sale por los desagües de un barrio vuelve, tratado, a los surcos.
Hay además un contexto científico. Un estudio dirigido por Juan Carlos Santamarta Cerezal y Noelia Cruz Pérez, de la Universidad de La Laguna, publicado en Environmental Development, incluye entre las medidas para la agricultura canaria hasta 2050 la ampliación del agua regenerada, junto con riego digitalizado, diversificación de cultivos (hoy demasiado apoyados en plátano y aguacate) y formación. Sus autores hablan de temperaturas al alza y menos agua disponible. La renovación de Arinaga va en esa línea, aunque ninguna de las fuentes consultadas la vincula expresamente con el estudio.
Quedan preguntas que la información de Canarias7 no responde. ¿Qué cultivos reciben esta agua, a qué precio, con qué controles de calidad? No lo he encontrado en una segunda fuente y no lo escribo. Tampoco el dato del 23% está confirmado por otros medios, así que conviene leerlo como una cifra de una sola fuente.
Lo que sí está claro es la continuidad: veinticuatro años de colaboración, un convenio renovado, un volumen declarado. Para los agricultores del sureste supone poder planificar al menos cuatro campañas sin preguntarse de dónde saldrá el agua. En una isla donde llueve poco, ya es noticia.

