Treinta meses. Es el plazo previsto para las obras del Estadio de Gran Canaria que el Cabildo acaba de adjudicar definitivamente, con el objetivo declarado de entregar la instalación un año antes del Mundial 2030. La empresa es la UTE formada por OHLA y Grupo Sando, por 192.888.434,21 euros sin IGIC, según informa elDiario.es el 28 de octubre.
Las cifras, con sus fuentes. El Instituto Insular de Deportes del Cabildo ha adjudicado el contrato; de esa cantidad, 46,7 millones (en torno al 24,2%) corresponden a mano de obra. El proyecto contempla la demolición de las estructuras que se sustituyen, la instalación de nuevos elementos y la cubierta. Según el Cabildo, la reforma responde a los requisitos de UEFA, RFEF y FIFA. Ya el 5 de octubre el mismo diario había publicado que con el IGIC el importe sube a 206,3 millones, 28,5 menos que los 234,8 del presupuesto de licitación, y que el contrato podría firmarse a finales de noviembre. La primera licitación, antes del verano, quedó desierta; a la segunda se presentaron tres grupos: OHLA con Sando, Ferrovial con San José e Iniciativas Canarias, y Sacyr con Construplan y Bitumex.
Después está el calendario de la FIFA. El 27 de octubre el organismo anunció que entre noviembre y diciembre de 2026 una delegación visitará las ciudades y estadios candidatos de los tres países organizadores, España, Marruecos y Portugal. En España la lista incluye Barcelona, Bilbao, Las Palmas de Gran Canaria, Madrid, San Sebastián, Sevilla y Zaragoza, y podrían sumarse otras. Las reuniones abarcarán autoridades, gestores de estadios, transporte y alojamiento. Un apunte: el titular de RTVC habla de nueve ciudades, pero el texto enumera quince entre los tres países, así que esa cifra no es fiable.
Para entender qué se mirará, ayuda la visita anterior. En septiembre de 2024 los técnicos de la FIFA examinaron en Gran Canaria el aeropuerto, los campos de entrenamiento, los hoteles de la capital y del sur, el Gran Canaria Arena, las zonas de fan zone en Santa Catalina y el proyecto del estadio. Pidieron datos de conexiones aéreas y marítimas, camas y capacidad para gestionar grandes eventos con planes de emergencia. Es decir: el partido también se juega fuera del estadio.
Lo que no sabemos, porque las fuentes leídas no lo dicen: el aforo final, cuántos partidos podría albergar (el número y tipo de encuentros se decidirá solo tras confirmar las ciudades), qué pasará con el equipo local durante las obras y cómo se financiará la obra. Ninguno de los dos textos de elDiario.es recoge críticas o reacciones, y no es descartable que lleguen.
Para la isla, el impacto de un evento así empieza antes del pitido inicial. Una obra de 30 meses con casi una cuarta parte del coste en mano de obra supone trabajo para las constructoras locales, pero también tráfico, ruido y logística en Las Palmas. Y la evaluación de la FIFA en noviembre y diciembre será el primer momento en que la isla tenga que demostrar, sobre el papel y sobre el terreno, que dispone de camas, vuelos y planes de seguridad suficientes para un torneo mundial. Se volverá a hablar de ello con la firma del contrato, prevista a finales de noviembre.

