El trabajo invisible que enseña a los robots: por qué el comportamiento es el nuevo recurso crítico
Najiredi Sriranyachandra tiene 25 años y cada mañana se ata un smartphone a la frente. No es influencer: registra en primera persona los gestos de su vida diaria—lavar platos, cortar verduras, tender ropa—para nutrir grandes conjuntos de “egocentric data” utilizados en el entrenamiento de robots humanoides y sistemas de visión. Por cada hora de video gana cerca de 250 rupias, unos 2,30 euros: poco según ciertos estándares, pero para ella una entrada que no altera su rutina. Es la imagen nítida de una economía de datos que convierte comportamientos ordinarios en materia prima para la inteligencia artificial.

