El cambio climático podría redefinir los viñedos volcánicos de Canarias
Lanzarote es un laboratorio al aire libre donde el vino nace del paisaje. Aquí la viticultura se aferra a la vida dentro de grandes hoyos excavados en suelo de picón, de hasta dos metros de profundidad, protegidos por muros semicirculares que frenan el viento atlántico. En el corazón de la isla, entre las plantaciones de malvasía volcánica, variedad autóctona y emblema del territorio, se percibe una belleza áspera y un gesto agrícola que roza lo heroico. Esta práctica tradicional no es sólo espectáculo: es una respuesta ingeniosa a condiciones extremas, capaz de captar humedad nocturna, moderar la evaporación y resguardar las plantas en un entorno hostil. El resultado es un vino como el de Bodega Vulcano, nacido de un equilibrio frágil y luminoso.

